ENGLISH
 

El Consejero de Mel Descargue Aquí 

No queda aun muy claro cómo ingresó el ex presidente hondureño Manuel Zelaya a la embajada de Brasil en Tegucigalpa. Quién lo ayudó, quien le facilitó el transporte y quien gestionó su ingreso a la sede diplomática. Lo cierto es que para efectos legales y prácticos, Zelaya está de vuelta en su país y deberá salir de allí hacia algún destino, seguramente protegido por los diplomáticos cariocas, pero a lo sumo, rumbo a otro país. En el intermedio, su país sufre de nuevos enfrentamientos callejeros, en el cual las fuerzas de seguridad y unos cuantos miles de los seguidores del depuesto presidente miden fuerzas, en un macabro ajedrez de provocación al desastre político20y civil.

Quien haya aconsejado a Zelaya de regresar merece un aplauso. Le redujo el campo de juego, confinándolo por propia voluntad al área de la embajada brasilera; además, logró que entrara subrepticiamente y llamara a sus seguidores espontáneos y pagados, para que se concentraran en un espacio geográfico definido. Pero por sobre todo, el consejero logró que Zelaya perdiera la compostura, descubriera su intención de provocar el caos en aras de su retorno y siguiera cometiendo delitos graves, como el actual llamado a la sedición. Y si se quiere ver más allá, el consejero logró que Estados Unidos y su flamante secretaria de Estado, Hillary Clinton, queden en una posición plenamente incomoda, al reclamar el retorno del ex presidente y sugerir sin mucha claridad mental que se obvie la ley y los juicios pendientes, tal y como lo propone el malogrado Acuerdo de San José.

Maquiavélicamente, Zelaya ha sido aprisionado en cárcel de oro, enfrenta con sus llamados a la sedición a su pueblo y además, hace que Estados Unidos rompa con su tradición diplomática y política de apoyar la ley por encima de todo. ¿Están conscientes los protagonistas d e la trampa letal que se ha apoderado del juego? Al parecer no. Todo apunta a que la Secretaria Clinton ha cometido uno de los errores más graves que podía, al obsesionarse en el caso hondureño sin tener la perspectiva adecuada.

Tristemente, el pueblo hondureño está llamado a pagar la factura de esta batalla política, en la cual un gobierno de transición enfrenta al resto del mundo. Los heridos, la pobreza, el enfrentamiento y la destrucción del tejido social y político no la pagarán los interlocutores internacionales como Insulza y sus aliados, o Chávez y sus satélites; mucho menos Estados Unidos o la señora Clinton, que solo verá cómo su final político comienza antes de tiempo, por la torpeza cometida. Los daños los paga Honduras y los hondureños: nadie más estará allí para recoger los pedazos que quedarán tirados cuando este huracán político deje de ensañarse con este país hermano.

Muchas teorías rodean el regreso de Zelaya a Honduras. Desde el esfuerzo por distraer a la OEA y ONU con este show, hasta los oscuros negocios por la franja petrolera que supuestamente existe frente a la costa atlántica de ese país, o la destrucción d e la posición política norteamericana ante la comunidad internacional. Lo único cierto, es que la hora de cerrar este capítulo de tremenda confrontación se acerca y parece, será el ocaso de más de un personaje involucrado en la trama. A juzgar por los hechos, Zelaya ha sido traicionado por su consejero, pues le tendieron una sofisticada trampa. Bueno por la decencia, la democracia y la libertad

   ENGLISH