
En un reciente artículo publicado en este diario titulado, “Primera auditoría al caso Rosemberg” dije que la investigación y aclaración del asesinato del abogado Rodrigo Rosemberg podía constituir el Waterloo del abogado español Carlos Castresana Fernández. Evidentemente me refería a un Waterloo desde la óptica de Napoleón, por considerar la tarea como titánica, en donde se podía prever una derrota para el jefe de la CICIG.
Hoy con gran satisfacción nos cabe ir sobre nuestras propias palabras y afirmar que existe una fundada esperanza en el sentido que el Dr. Castresana convertirá este caso en un Waterloo pero ahora desde la óptica del Duque de Wellington, es decir desde la óptica de la victoria.
Es interesante analizar lo expresado por el Dr. Castresana durante la reveladora conferencia de prensa cuando anunció la captura de siete presuntos sospechosos de haber perpetrado el execrable crimen – recordemos que la legislación guatemalteca asume la presunción de inocencia hasta que no se demuestre lo contrario-. Dentro de los aspectos a observar con detenimiento, es lo que expresó el jefe de la CICIG en el sentido que tenía identificados tres niveles en el ámbito de ejecución del delito.
Le hablo al país del nivel intelectual, del nivel de coordinación y del nivel operativo. Tratando de dar una lectura mas acuciosa de lo expresado, permite interpretar que si ya ha entregado a los sospechosos del nivel operativo y ha adelantado que investigan en los otros dos niveles, lo más seguro es que el abogado español -que no da puntada sin hilo- este muy cerca de los otros dos niveles y que ya tenga algunas evidencias acerca de quienes planificaron y quienes coordinaron el asesinato.
El otro indicio revelador es que entre los sospechosos se encuentren agentes o ex agentes de seguridad del Estado y aquí llama poderosamente la atención el hecho de que para que un policía haya utilizado su propio vehículo para perpetrar un crimen, es porque se sentía impune para realizar la tarea de esbirro, por encargo de quien haya sido el cerebro. Esto, sin tomar en cuenta los últimos arrestos de agentes de seguridad del Estado en alta en sus funciones.
En el artículo anterior dije que debía buscarse a los responsables en otros sitios y no necesariamente en la Presidencia. Sigo pensando que Alvaro Colom Caballeros, es inocente y me refiero exclusivamente a él, en su individualidad como ciudadano y como presidente. Acepto que el Presidente se está equivocando en algunos de los ámbitos de su gestión gubernativa, pero como se dice en el lenguaje popular, esa es harina de otro costal.
Será de enorme trascendencia para el daño que este caso ha infligido a la imagen de nuestra nación, el comprobar que la máxima autoridad es ajena a este caso. Esto no quiere decir que no sea probable que haya gente del actual gobierno o vinculados al mismo, involucrados, tampoco descarto que la pesquisa concluya en alguien vinculado con anteriores gobiernos o con otros poderes.
Hoy no tenemos duda que el Dr. Castresana será nuestro Duque de Wellington en esta guerra contra la impunidad en Guatemala y que este y otros emblemáticos casos serán resueltos en beneficio de la reconstrucción de la institucionalidad en nuestro país.