
Por Julio Ligorria Carballido
Cuando esto escribo — martes 22 de diciembre— aún no se ha
revelado lo que parece será el gran cierre del 2009 o la gran apertura
del 2010. En sectores con acceso a sólida información se comenta lo que
parece será el final del caso Rosenberg, y —tal como lo afirmé en tres
ensayos anteriores— es altamente probable que se concluya que el
responsable de tan trágico acontecimiento no está ni por asomo en el
Palacio Nacional.
De confirmarse la información, pareciera que el fin de año o el
inicio del otro traerá una historia que hará historia, por sus
profundas y aberrantes contradicciones, pero que dejará en claro lo
realmente acontecido. Dentro de la tristeza de esta tragedia, esperamos
quede como efecto residual positivo, por un lado, la evidencia de
profundidad y seriedad de la investigación de la Cicig, a la par de la
exoneración de Colom y su entorno sobre toda responsabilidad en el
hecho. De dilucidarse ambos extremos —la investigación y lo relativo al
presidente Colom—, constituirían buenas noticias para Guatemala.
Pero si eso es positivo, hay noticias de 2009 que no lo son, en
especial por la errática e ineficaz tarea gubernamental en los ámbitos
de seguridad ciudadana y seguridad alimentaria, dos de los problemas
que más agobian al guatemalteco y cuya solución es lejana, por carecer
las autoridades de un concepto estratégico preciso de cómo resolver
esta crítica agenda pendiente. Pero más allá, los recursos que deberían
atender esos temas se diluyen en el polémico programa de Cohesión
Social, cuyo concepto, en sí, no es malo, mas sí lo es su oscuro
manejo. Acaso esto último sea la principal manzana de la discordia
política y fiscal, pues además de alimentar el argumentario de la
oposición, abanderan la renuencia del empresariado a reformar el
régimen tributario.
En otro ámbito de acción, el Gobierno también se manejó
pésimamente durante la crisis hondureña, perdiendo espacio de liderazgo
y claridad ante otras naciones de la región como Costa Rica y Panamá,
al asumir nuestro canciller una posición radicalmente pro Chavista.
Además de ser inmoral lo que en estos días hace la Cancillería
guatemalteca al cabildear vía el chantaje el reconocimiento del nuevo
gobierno hondureño —electo en votación del más del 60 por ciento de los
ciudadanos— a cambio de un salvoconducto para que el ex presidente
Zelaya salga al exilio sin tener la calidad de refugiado político, como
lo regula con meridiana claridad la convención de Caracas de 1954.
Concluyo esta brevísima reseña con un vistazo al mundo del 2009,
impactado por la elección del presidente Obama, por la incapacidad de
la humanidad para acordar cómo proteger el medioambiente, por el virus
H1N1, la quiebra de 140 bancos en los EE. UU., el fraude billonario de
Bernie Madoff y la megaquiebra de General Motors, el probable triunfo
de la derecha chilena con Sebastián Piñera después de cuatro gobiernos
socialistas, y la firma de acuerdos comerciales entre Taiwán y China.
Es mi deseo ferviente que en lo que resta de este año las noticias
nos traigan esperanza. Tengo fe en que reflexionaremos para luchar en
busca de una sonrisa, una mejor nación y un mejor mundo para el
siguiente año. Dios nos proteja e ilumine a todos en esa tarea.