
Por Julio Ligorria Carballido
Al comenzar un nuevo año, es importante revisar los apuntes de los
últimos años. Es un ejercicio que nos debería permitir comprender los
resultados de lo que vamos sembrando día tras día con nuestras acciones
y creo que si algún tema debe sobresalir, es el de los referentes y
líderes que nos acompañan en el complejo camino de construcción de
nuestra nación.
Firmes en su posición, estos líderes van forjando trabajosamente
el curso del país. Enfrentan a los poderosos, promueven cambios,
generan controversia y al final de cada día, semana o mes, evidencian
su capacidad de gestionar cambios, convirtiendo sus planes en
realidades.
Nuestra sociedad está urgida de líderes, muchos o pocos, y lejos
de insistir en nuestra ya arraigada cultura de descalificación desde
distintos ámbitos de la vida nacional, deberíamos tener un balance y
saber que aunque los líderes no son infalibles, sí son personas que
gozan del apoyo de importantes colectivos sociales porque han
respondido positivamente en tareas que otros han hecho mal o
mediocremente y que ellos son, en todo caso, la reserva con la que
cuenta el país para los momentos difíciles y cruciales de los que no
está exenta sociedad alguna.
Por ejemplo, el cardenal Rodolfo Quezada Toruño mantiene una
sólida voz y una actitud admirable. Desde requerir una conducta proba a
los políticos, hasta señalar con valor los atropellos que sufren los
más necesitados, el arzobispo confirma día a día su compromiso con
Guatemala. O el pastor evangélico Dr. Jorge López —ejemplar como el
cardenal—, en la conducción de una importante grey cristiana que busca
la perfectibilidad en la mejoría de la conducta de los ciudadanos,
insistiendo de manera magistral en las enseñanzas legadas por
Jesucristo a la humanidad.
En el ámbito político, sin ninguna duda sobresale Nineth
Montenegro. Desde siempre una mujer ejemplar, es hoy la más digna y
creíble abanderada de la lucha contra la impunidad. Sus sólidas
batallas por esclarecer en qué se gasta el Ejecutivo el dinero del
pueblo, constituyen una muestra de la gran calidad de esta lideresa
nacional.
Tenemos también de manera indiscutible a Álvaro Arzú, ex
presidente y alcalde; sigue avanzando en el proceso de transformación
de la capital, donde casi tres millones de chapines transitamos y
reclamamos servicios. A los problemas que implica conducir una urbe de
este tamaño, el alcalde ha respondido con resultados y soluciones
creativas. Sin embargo, hay quienes le regatean sus logros insistiendo
en proyectar de manera desproporcionada aspectos superficiales, que
carecen de importancia frente a los desafíos y logros obtenidos por
quien hoy es calificado en las más rigurosas encuestas independientes
por más del 65 por ciento de los guatemaltecos como el mejor líder y
gestor del país.
Quisiera haber incluido en este listado a otros actores de la
arena política, pero la ausencia de evidencias y pruebas sobre sus
verdaderas intenciones acerca de los intereses del país me inhiben de
poder hacerlo.
¿Por qué hago esto justo al iniciar el año? Porque creo que vienen
tiempos complicados en los cuales hay que tomar lectura de cómo se
moverán estos conductores y líderes nacionales que he mencionado. En
muchos casos, no serán actores directos, pero su juicio nos puede dar
luces en un año donde, al parecer, habrá muchas sombras de tormentas
político-sociales.