
No sé porque, pero aquí todo mundo confunde que cuando uno menciona élite, esto obligadamente es interpretado como que uno se dirige a los empresarios y por supuesto que no es así. Deseo que estemos claros que las élites en una sociedad son académicas, políticas, empresariales, de dirigencia de los trabajadores, religiosas, del mismo liderazgo de la sociedad civil. Por ello cuando responsabilizamos a las élites de la inviabilidad que en 25 años ha llegado a tener nuestra sociedad y nuestro Estado, hablamos de todas ellas no de una sola.
¿Y por qué las élites nada más? simple, son quienes por educación, recursos y acceso a la tecnología, han conducido y diseñado de una manera u otra esta nación. Y por lo tanto son corresponsables de ese estado de inviabilidad, de la Guatemala del 2010.
Dicho lo anterior, puedo pasar a afirmar, parafraseando a mi colega, el analista político- militar Mauricio López Bonilla, las élites en Guatemala deben abandonar su estado de analfabetismo y pasar a la ofensiva asumiendo en “fast track” un proceso de educación y actualización para generar propuestas que destraben el estancamiento político, legal, social y económico, lo que debería permitirnos transitar de una nación sin norte estratégico a un país que recobre su certeza jurídica, su seguridad ciudadana, su dinámica de crecimiento económico y que produzca un desarrollo social sin precedentes en nuestra historia .
Una nación donde la prioridad del presupuesto del Estado se enfoque en generar seguridad ciudadana, justicia de alta calidad, nuevos y eficientes protocolos de salud pública preventiva y curativa y un renovado y moderno sistema de educación que nos produzca en 20 años un nuevo guatemalteco, educado, productivo, competitivo y feliz.
Hoy en el siglo XXI debemos entender que un nuevo orden social se está construyendo en la aceptación de la diversidad. En el caso nuestro, la familia patriarcal de la hacienda ha desaparecido como lo anuncie en mi artículo “El Fututo ya llegó” publicado en este diario en el año 1,984. Y la familia tradicional rural ha migrado a la periferia urbana donde se genera la violencia social imparable a la que vemos sometida nuestra urbe.
¿Hay esperanza? Claro que la hay, y mucha, tenemos la enorme oportunidad entre miembros de mi generación y la siguiente, de diseñar una nueva nación que nos aguante al menos 100 años. Dentro de nuestra diversidad y adversidad somos un país con seres humanos estupendos, la mayoría dedicados y trabajadores, desde el indígena que labra la tierra en sitios tan lejanos como San Luis Ixcan, hasta el sofisticado ejecutivo con postgrado de MIT que labora en una corporación global guatemalteca.
Sentémonos a repensar Guate, solo observo dos precondiciones: primero, que todos guardemos las banderas ideológicas, desde los liberales marroquinianos pasando por los jesuíticos landivarianos, hasta los marxistas san carlistas. Desideologicemos el diálogo, el talento aportado por las principales universidades del país esta allí, listo para ser utilizado como nunca antes en la historia en beneficio de una nueva y renovada Guatemala y la oportunidad es ahora, La otra precondición: un gobierno que genere condiciones de diálogo nacional sin agendas ocultas y electoreras.
El reto: refrescar el liderazgo nacional y repensar Guate. No dejemos pasar más tiempo.